lunes, 12 de octubre de 2009

El reclutamiento

Gente tan especial como era la tropa profesional de los ejércitos dieciochescos, requería específicas formas de reclutamiento. Las más usuales eran, una voluntaria: la recluta y dos forzosas: la leva y, subsidiariamente, la quinta.
El medio esencial era la recluta, los demás se empleaban para cubrir huecos. Cualquiera de las tres formas de reclutamiento, producía soldados de diferente calidad. Por ejemplo a la recluta acudía el indigente y la leva forzosa se efectuaba sobre vagos y maleantes, sin embargo la quinta, realizada mediante sorteo, mejoraba la calidad de la tropa reclutada, generalmente campesinos por las numerosas exenciones que existían.
La recluta voluntaria se realizaba en forma de lo que hoy, aplicado a la Legión Extranjera, denominamos banderín de enganche. Cada regimiento comisionaba a un oficial, un sargento y varios soldados, los cuales formaban lo que se denominaba partida de recluta, para recorrer los pueblos haciendo proselitismo8
Al soldado enganchado se le enviaba a su regimiento donde se le asignaban 40 reales de vellón al mes de prest9, el cual se dividía en los siguientes conceptos:

El socorro diario era para la manutención y correspondía a nueve cuartos de real de vellón diarios10 de los cuales siete eran para alimentación11 y dos para jabón, tabaco, hilo y agujas12. La masita, para reposición de vestuario, era de dos cuartos diarios y se la retenía el capitán. Las sobras se le entregaban en mano a final de mes.
Las condiciones que se exigían para la recluta eran las siguientes:
1. Enganche por 15 años mínimo (educando 6)
2. Edad mínima 16 años en tiempo de paz (educandos 10) y 18 en tiempo de guerra. Edad máxima 40 años.
3. Ser Católico Apostólico Romano
4. Medir 5 pies de estatura mínima (1 m. 40 cm.)
5. No ser de lo que entonces se denominaba extracción infame: mulato, gitano, verdugo, o carnicero.
Cuando por medio de la recluta no se conseguía cubrir las plantillas (lo cual fue prácticamente así durante todo el reinado) se acudía a la leva forzosa. Se mandaba a los Justicias de los pueblos arrestar a los denominados vagos, malentretenidos y quimeristas, y se les entregaba a las autoridades militares para cubrir las plazas vacantes en los regimientos. Estas levas producían, si cabe, un soldado de inferior calidad que el de la recluta, más conflictivo y predispuesto a la deserción que el resto. En tiempos de Carlos III se tomó la medida de ingresar a las gentes procedentes de leva en los regimientos extranjeros. Sobre todo en los irlandeses. Estos no eran muy apreciados si hemos de hacer caso a la sátira

"Quando los regimientos de
Ibernia, Ultonia e Irlanda,
quando salgan de la Corte
tan extranjera canalla,
entonces Carlos Tercero,
será Gibraltar de España"

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